¿Ser viejo es ser diferente?
Publicado 13-dic-2007 a las 22:22 por 1berto
DISCRIMINACIÓN POR RAZÓN DE EDAD.
Cuando en 1975, hace 17 años, Robert Butler obtuvo un premio Pulitzer por su libro ¿Por qué sobrevivimos?, popularizó el término ageísmo, o lo que podría ser en castellano edaísmo, para describir “el perjuicio caracterizado por la idea de que las intervenciones médicas en las personas ancianas son futiles”. Este planteamiento retó al concepto de edad cronológica, y ha ido cambiando en la práctica hacia la interpretación de “discriminación por razón de edad” con que ha llegado a nuestros días.
En realidad esta situación no es nueva, ni siquiera un fenómeno que acompaña el crecimiento del número de ancianos que caracteriza estos últimos 70 años. Eso sí, ahora es que se constituye en alarmante, por el contexto social en que vivimos.
¿Son los ancianos diferentes?
A medida que nos hacemos viejos disminuye nuestra capacidad de recuperación. Así, vamos acumulando una amplia colección de condiciones crónicas, muchas incurables, a las que nos vamos adaptando tan bien como podemos, y cuando no podemos, las toleramos. Algunas condiciones son tan comunes como la cifoescoliosis, y otras tan serias como las que implican discapacidad o dolor persistente, que hacen que cambie nuestra vida.
Pero no acaba aquí. También cuando envejecemos estamos expuestos al riesgo de ser atacados por condiciones agudas, como los jóvenes, y somos vulnerables ante la influenza, la neumonía por diferentes bacterias, que para colmo nos atacan con más fuerza que a los jóvenes. Y si nos enfrentamos a estas agresiones, y salimos airosos, nuestra recuperación será más lenta y penosa.
Otros “ataques” que para los jóvenes son poco trascendentes como por ejemplo las caídas, cuando seamos viejos, nos producirán repercusiones disfuncionales gravísimas, sin contar que por cualquier condición patológica podemos confundirnos, perder el control de la individualidad, o necesitaremos rehabilitación o soporte social como resultado de complicaciones diferentes a la que en realidad constituyó el inicio del problema.
En resumen, nuestra demanda de asistencia será mayor como ancianos, que como jóvenes, y no es necesario, para llegar a esta conclusión, hacer interpretaciones de cifras estadísticas más o menos manipuladas en dependencia del objetivo que se quiera analizar. Es tan sencillo como conocer la fisiología normal del envejecimiento, o si no nos queremos molestar, mirar lo que le está pasando a nuestra madre con el paso de los años, o a nuestros tíos, o a nuestros abuelos.
Pero ¿significa este cambio que lo viejos merecen menos?, ¿ o es que merecen más?
Llegado a este punto, tengo que analizar el contexto en que estamos envejeciendo.
Nuestra moderna sociedad desarrollada, ha ido adoptando nuevos planteamientos, impuestos desde juicios de valor que responden a los intereses de los que más pueden, de los más fuertes. El estereotipo de “vida mejor”, de “calidad de vida”, se vincula a la posesión de recursos materiales, que determinan el consumo, la solicitud de créditos bancarios, el triunfo en la competencia, la elegancia, las mejores marcas comerciales... y en esta competencia casi todo vale, y objetivamente el viejo no es la diana.
En materia de salud, nuestra sociedad moderna se enorgullece de conseguir logros que van derrotando la enfermedad, fármacos cada vez más eficaces, unidades de cuidados especializadas capaces de aplicar tratamientos casi inverosímiles, intervenciones quirúrgicas casi mágicas, y en fin, se vanagloria de sus indicadores de salud que lo que consiguen, es que VIVAMOS MAS, y luego, una vez llegados a la última etapa de nuestra larga vida regalada en parte por la tecnología, parece que ya nada importa, nos esperan los problemas. Contradictorio.
Si partimos del planteamiento constitucional de que el objetivo de los programas sanitarios es desarrollar tanto como sea posible la salud de los ciudadanos de la nación como un todo, deben tener prioridad las personas que más se puedan beneficiar de los recursos disponibles.
Y así empezamos para hecer boca, que no caben más palabras
Cuando en 1975, hace 17 años, Robert Butler obtuvo un premio Pulitzer por su libro ¿Por qué sobrevivimos?, popularizó el término ageísmo, o lo que podría ser en castellano edaísmo, para describir “el perjuicio caracterizado por la idea de que las intervenciones médicas en las personas ancianas son futiles”. Este planteamiento retó al concepto de edad cronológica, y ha ido cambiando en la práctica hacia la interpretación de “discriminación por razón de edad” con que ha llegado a nuestros días.
En realidad esta situación no es nueva, ni siquiera un fenómeno que acompaña el crecimiento del número de ancianos que caracteriza estos últimos 70 años. Eso sí, ahora es que se constituye en alarmante, por el contexto social en que vivimos.
¿Son los ancianos diferentes?
A medida que nos hacemos viejos disminuye nuestra capacidad de recuperación. Así, vamos acumulando una amplia colección de condiciones crónicas, muchas incurables, a las que nos vamos adaptando tan bien como podemos, y cuando no podemos, las toleramos. Algunas condiciones son tan comunes como la cifoescoliosis, y otras tan serias como las que implican discapacidad o dolor persistente, que hacen que cambie nuestra vida.
Pero no acaba aquí. También cuando envejecemos estamos expuestos al riesgo de ser atacados por condiciones agudas, como los jóvenes, y somos vulnerables ante la influenza, la neumonía por diferentes bacterias, que para colmo nos atacan con más fuerza que a los jóvenes. Y si nos enfrentamos a estas agresiones, y salimos airosos, nuestra recuperación será más lenta y penosa.
Otros “ataques” que para los jóvenes son poco trascendentes como por ejemplo las caídas, cuando seamos viejos, nos producirán repercusiones disfuncionales gravísimas, sin contar que por cualquier condición patológica podemos confundirnos, perder el control de la individualidad, o necesitaremos rehabilitación o soporte social como resultado de complicaciones diferentes a la que en realidad constituyó el inicio del problema.
En resumen, nuestra demanda de asistencia será mayor como ancianos, que como jóvenes, y no es necesario, para llegar a esta conclusión, hacer interpretaciones de cifras estadísticas más o menos manipuladas en dependencia del objetivo que se quiera analizar. Es tan sencillo como conocer la fisiología normal del envejecimiento, o si no nos queremos molestar, mirar lo que le está pasando a nuestra madre con el paso de los años, o a nuestros tíos, o a nuestros abuelos.
Pero ¿significa este cambio que lo viejos merecen menos?, ¿ o es que merecen más?
Llegado a este punto, tengo que analizar el contexto en que estamos envejeciendo.
Nuestra moderna sociedad desarrollada, ha ido adoptando nuevos planteamientos, impuestos desde juicios de valor que responden a los intereses de los que más pueden, de los más fuertes. El estereotipo de “vida mejor”, de “calidad de vida”, se vincula a la posesión de recursos materiales, que determinan el consumo, la solicitud de créditos bancarios, el triunfo en la competencia, la elegancia, las mejores marcas comerciales... y en esta competencia casi todo vale, y objetivamente el viejo no es la diana.
En materia de salud, nuestra sociedad moderna se enorgullece de conseguir logros que van derrotando la enfermedad, fármacos cada vez más eficaces, unidades de cuidados especializadas capaces de aplicar tratamientos casi inverosímiles, intervenciones quirúrgicas casi mágicas, y en fin, se vanagloria de sus indicadores de salud que lo que consiguen, es que VIVAMOS MAS, y luego, una vez llegados a la última etapa de nuestra larga vida regalada en parte por la tecnología, parece que ya nada importa, nos esperan los problemas. Contradictorio.
Si partimos del planteamiento constitucional de que el objetivo de los programas sanitarios es desarrollar tanto como sea posible la salud de los ciudadanos de la nación como un todo, deben tener prioridad las personas que más se puedan beneficiar de los recursos disponibles.
Y así empezamos para hecer boca, que no caben más palabras
Comentarios Totales 6
Comentarios
| | ¿Este texto es tuyo, 1berto? Me gusta. Afortunadamente en los últimos años se ha empezado a hablar sobre estos temas complicados en las Facultades de Medicina y para las nuevas generaciones el concepto de "ageism" o "viejismo" o como se traduzca ya no es desconocido. |
Publicado 15-dic-2007 a las 13:15 por o´torre |
| | Es de un articulillo que publiqué hace un par de años. Si quieres te mando la referencia o el artículo entero pero aquí no cabe. |
Publicado 17-dic-2007 a las 10:59 por 1berto |
| | Ok, mándame la referencia que me gustaría leer más. Ya me lo descargaré. Está claro que hace falta "divulgar" estas ideas entre la población general pero especialmente en aquellos que se vayan a encargar de cuidar de nuestra salud cuando llegue el momento. |
Publicado 17-dic-2007 a las 22:29 por o´torre |
| | Mira a ver que te interesa de esto. hay más je je. Te mando lo que elijas en PDF http://www.imsersomayores.csic.es/se...dor.jsp?id=315 |
Publicado 18-dic-2007 a las 08:45 por 1berto |
| | Pues, aún a riesgo de parecer desfasado te voy a pedir la bilbliografía más antigua ("Autodeterminación y paternalismo...") para empezar por el principio Gracias. |
Publicado 18-dic-2007 a las 10:16 por o´torre |
| | Interesante 1berto |
Publicado 14-ene-2008 a las 11:34 por ariel |
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