Bueno, pues a petición de algunos amigos del subforo de los serie 7, he decidido abrir este blog, para incluir en él mis habituales ladrillos.
De una tacada colocaremos los ya conocidos 1, 2 y 3,
... Que así quedarán más ordenados y fáciles de consultar.
¡Ahí queda eso!
De una tacada colocaremos los ya conocidos 1, 2 y 3,
... Que así quedarán más ordenados y fáciles de consultar.¡Ahí queda eso!
Ladrillo 2, 3ª Parte.
Publicado 05-jun-2008 a las 21:14 por Kyalami
Continuación...

Otra historia curiosa me sucedió en Holanda. Me desplacé allí para participar con mi Lotus Elan en una carrera en Zandvoort. Antes de emprender el viaje, y probablemente como efecto colateral de Can Padró, empezó a sonar una cruceta de los palieres. Hay que señalar que los palieres de transmisión de ese coche no iban montados sobre homocinéticas, sino sobre cardanes con crucetas. Pues bien, genialidad de Fiat, esas crucetas eran de una medida no estandarizada, y sólo las usaba el 130.
Por supuesto, no había recambio en España, ni posibilidad de conseguirlo: Fiat ya no lo suministraba.
Con ese panorama, y cruzando los dedos, emprendí el viaje hacia Zandvoort. Llegamos sin incidentes.
Foto del viaje, en la que en la puerta abierta se vislumbra un poco de la preciosa tapicería de terciopelo anaranjado:

Ya en el circuito, primera sorpresa. Un inglés, que participaba con un precioso Jaguar E, se empeñó en cambiarme el 130 por su Jeep Cherokee, nuevo, con sólo 6 meses de uso. Insistía e insistía pues en Inglaterra ese coche sólo se había vendido en versión automática, y el mío, ya os he dicho que era manual. Si no hubiera sido por las posibilidades casi nulas de importar su coche a España, (recordad que estamos hablando de 1984) creo que hubiera aceptado. Pero no lo hice.
Sin embargo, algo saqué del hombre. Era un fanático de esos Fiat, y tenía múltiples contactos en Europa aficionados al 130. Y entre ellos, un holandés, DIY, como nuestro amigo Wolf, que aparentemente podía solucionarme el problema con la cruceta.
Así pues, el lunes, acabadas las carreras del domingo, me dirigí a un pueblo cerca de Ámsterdam, en busca del DIY. Nos acogió con los brazos abiertos, sacó su 130 Berlina del pequeño garaje de su casa, y entró ahí a mi coupé.
El garaje era para un solo coche, pero nuestro personaje tenía un elevador. Subió el coche, se metió debajo, y en diez minutos tenía el palier entre sus manos. Lo que no tenía, eran una cruceta de recambio, pero sí tenía un teléfono.
Tras unas cuantas llamadas, localizó una cruceta en algún pueblo, de nombre impronunciable. Nos dejó en manos de su amable esposa, que en ese tiempo había preparado un opíparo desayuno, se montó en su berlina y desapareció en el horizonte.
Dos horas más tarde, apareció con una cruceta, en su caja original, de repuestos Fiat.
En un cuarto de hora, mi coupé estaba reparado. Y no hubo modo de que el hombre cobrara nada más que la pieza. Todavía le estoy agradecido.
El resto de la temporada transcurrió sin mayores problemas. Sin embargo, en otro viaje, este de placer, para ir a ver a una amiga mía americana que estaba de paso por París, sucedió algo, que fue, a la larga, lo que empezó a sentenciar a tan bello automóvil.
Iba tranquilamente a 190 Km/h (eran otros tiempos) con un Golf GTi MK1 detrás de mí, cuando el motor emitió un ligero “flop”. Temperatura, presión de aceite, todo normal, pero…. El Golf desapareció en una nube de humo azul. ¿Qué había sucedido?
Pues sencillamente, se me había soltado un cable de bujía, y con el motor girando a ese elevado número de revoluciones, el autoencendido de la mezcla había actuado como un soplete, haciendo un bonito agujero, del tamaño de una moneda de un euro, en el pistón número 3.
Foto de día en cuestión:

Total, el 130 en plataforma, hasta la Fiat de París. Allí, pues como en todas las Fiats. El 130 era un apestado. Se lo quedaron a regañadientes, y un mes más tarde me llamaron para decirme que no había recambios y que no lo podían reparar. Total, que tras unas durísimas negociaciones familiares, conseguí que mi padre me prestara su Seat 131 1600. Con él y mi remolque a cuestas, vuelta a París para recoger al enfermo.
El regreso, con el relativamente pequeño Seat tirando del remolque con ese monstruo detrás fue una odisea, pero finalmente el 130 llegó al garaje comunitario de mi apartamento.
Ahí, ante la expectación de mis vecinos, desempolvé mi disfraz de DIY y venga, a desmontar culata y cárter, para poder sacar pistón y biela. Y luego, lo más difícil, conseguir un pistón nuevo. Por suerte, la camisa no se había rayado. Tardé tres meses, pero al final lo conseguí. ¿Sabéis a través de quién? ¿Recordáis al inglés que un año antes me lo quería comprar/cambiar? Pues él consiguió un pistón en Gran Bretaña.
Pero ahí no acababa el problema. El 130 montaba en origen pistones Mahle o Borgo. Los míos eran Mahle. El que me mandó el inglés era Borgo. Las medidas eran las mismas, pero… los pesos, no.
Afortunadamente, el Borgo pesaba más. O sea, que haciendo de tripas corazón, armado de lima, muela y lija, a rebajar toca, de las partes que no debilitaran el pistón, y de tal modo que tampoco se desequilibrara.
Trabajo de chinos, y mis vecinos, curiosos primero, empezaban ya a estar hartos de mi, mis coches (había algún otro de mis hierros en el garaje, el Quattroporte y el Lotus Elan, entre otros), mi remolque, mis piezas y mis ruidos.
Finalmente, sin embargo se consiguió, y el 6 cilindros volvió a ronronear, tan suave como siempre.
Pero el idilio empezaba a decaer. Ya he dicho que mi coche llevaba cambio manual. Eso era opcional, pues de serie eran automáticos. Y como era opcional, estaba mal resuelto. El disco y la prensa eran enormes. Para poder desembragar con suavidad, había un buen brazo de palanca, pero… La funda del cable tenía la mala costumbre de arrugarse como un acordeón. Con lo cual ya no desembragaba. Evidentemente, en Fiat no tenían cables de embregue, ni los suministraban. Me tuve que hacer fabricar uno.
Un día me robaron el plástico de un intermitente delantero (iba atornillado por fuera). No había recambio. Y me harté. Con mucha pena, pero decidido, se lo devolví al compraventa que me lo había vendido 2 años antes. "¿Por qué me lo cambias?"
Tenía un precioso Ford Granada 2.8 del 80. Pues como al principio de este post, entré con un coche, y salí con otro y algunos billetes menos.
Unos meses después volví a ver al 130. Estaba aparcado en una calle de mi ciudad, con las manijas de la puertas rotas, con golpes por todas partes, sin un piloto trasero… Me dio mucha lástima.
Os habréis dado cuenta de que no hay muchas fotos. La verdad es que alguna más debo de tener, pero el proceso de búsqueda/digitalización se estaba alargando mucho, y he decidido colgar el post tal cual. Si encuentro más, ya lo editaré el y las añadiré.
No fue el único 130 Coupé de mi vida. Años más tarde me hice con otro, esta vez automático. Gris plata y tapizado en azul marino. Sin embargo en ese momento las circunstancias no eran las más adecuadas, y no llegué a restaurarlo. Me propusieron otra vez un cambio, y lo acepté. Los recuerdos eran demasiado agridulces.

Otra historia curiosa me sucedió en Holanda. Me desplacé allí para participar con mi Lotus Elan en una carrera en Zandvoort. Antes de emprender el viaje, y probablemente como efecto colateral de Can Padró, empezó a sonar una cruceta de los palieres. Hay que señalar que los palieres de transmisión de ese coche no iban montados sobre homocinéticas, sino sobre cardanes con crucetas. Pues bien, genialidad de Fiat, esas crucetas eran de una medida no estandarizada, y sólo las usaba el 130.
Por supuesto, no había recambio en España, ni posibilidad de conseguirlo: Fiat ya no lo suministraba.
Con ese panorama, y cruzando los dedos, emprendí el viaje hacia Zandvoort. Llegamos sin incidentes.
Foto del viaje, en la que en la puerta abierta se vislumbra un poco de la preciosa tapicería de terciopelo anaranjado:

Ya en el circuito, primera sorpresa. Un inglés, que participaba con un precioso Jaguar E, se empeñó en cambiarme el 130 por su Jeep Cherokee, nuevo, con sólo 6 meses de uso. Insistía e insistía pues en Inglaterra ese coche sólo se había vendido en versión automática, y el mío, ya os he dicho que era manual. Si no hubiera sido por las posibilidades casi nulas de importar su coche a España, (recordad que estamos hablando de 1984) creo que hubiera aceptado. Pero no lo hice.
Sin embargo, algo saqué del hombre. Era un fanático de esos Fiat, y tenía múltiples contactos en Europa aficionados al 130. Y entre ellos, un holandés, DIY, como nuestro amigo Wolf, que aparentemente podía solucionarme el problema con la cruceta.
Así pues, el lunes, acabadas las carreras del domingo, me dirigí a un pueblo cerca de Ámsterdam, en busca del DIY. Nos acogió con los brazos abiertos, sacó su 130 Berlina del pequeño garaje de su casa, y entró ahí a mi coupé.
El garaje era para un solo coche, pero nuestro personaje tenía un elevador. Subió el coche, se metió debajo, y en diez minutos tenía el palier entre sus manos. Lo que no tenía, eran una cruceta de recambio, pero sí tenía un teléfono.
Tras unas cuantas llamadas, localizó una cruceta en algún pueblo, de nombre impronunciable. Nos dejó en manos de su amable esposa, que en ese tiempo había preparado un opíparo desayuno, se montó en su berlina y desapareció en el horizonte.
Dos horas más tarde, apareció con una cruceta, en su caja original, de repuestos Fiat.
En un cuarto de hora, mi coupé estaba reparado. Y no hubo modo de que el hombre cobrara nada más que la pieza. Todavía le estoy agradecido.
El resto de la temporada transcurrió sin mayores problemas. Sin embargo, en otro viaje, este de placer, para ir a ver a una amiga mía americana que estaba de paso por París, sucedió algo, que fue, a la larga, lo que empezó a sentenciar a tan bello automóvil.
Iba tranquilamente a 190 Km/h (eran otros tiempos) con un Golf GTi MK1 detrás de mí, cuando el motor emitió un ligero “flop”. Temperatura, presión de aceite, todo normal, pero…. El Golf desapareció en una nube de humo azul. ¿Qué había sucedido?
Pues sencillamente, se me había soltado un cable de bujía, y con el motor girando a ese elevado número de revoluciones, el autoencendido de la mezcla había actuado como un soplete, haciendo un bonito agujero, del tamaño de una moneda de un euro, en el pistón número 3.
Foto de día en cuestión:

Total, el 130 en plataforma, hasta la Fiat de París. Allí, pues como en todas las Fiats. El 130 era un apestado. Se lo quedaron a regañadientes, y un mes más tarde me llamaron para decirme que no había recambios y que no lo podían reparar. Total, que tras unas durísimas negociaciones familiares, conseguí que mi padre me prestara su Seat 131 1600. Con él y mi remolque a cuestas, vuelta a París para recoger al enfermo.
El regreso, con el relativamente pequeño Seat tirando del remolque con ese monstruo detrás fue una odisea, pero finalmente el 130 llegó al garaje comunitario de mi apartamento.
Ahí, ante la expectación de mis vecinos, desempolvé mi disfraz de DIY y venga, a desmontar culata y cárter, para poder sacar pistón y biela. Y luego, lo más difícil, conseguir un pistón nuevo. Por suerte, la camisa no se había rayado. Tardé tres meses, pero al final lo conseguí. ¿Sabéis a través de quién? ¿Recordáis al inglés que un año antes me lo quería comprar/cambiar? Pues él consiguió un pistón en Gran Bretaña.
Pero ahí no acababa el problema. El 130 montaba en origen pistones Mahle o Borgo. Los míos eran Mahle. El que me mandó el inglés era Borgo. Las medidas eran las mismas, pero… los pesos, no.
Afortunadamente, el Borgo pesaba más. O sea, que haciendo de tripas corazón, armado de lima, muela y lija, a rebajar toca, de las partes que no debilitaran el pistón, y de tal modo que tampoco se desequilibrara.
Trabajo de chinos, y mis vecinos, curiosos primero, empezaban ya a estar hartos de mi, mis coches (había algún otro de mis hierros en el garaje, el Quattroporte y el Lotus Elan, entre otros), mi remolque, mis piezas y mis ruidos.
Finalmente, sin embargo se consiguió, y el 6 cilindros volvió a ronronear, tan suave como siempre.
Pero el idilio empezaba a decaer. Ya he dicho que mi coche llevaba cambio manual. Eso era opcional, pues de serie eran automáticos. Y como era opcional, estaba mal resuelto. El disco y la prensa eran enormes. Para poder desembragar con suavidad, había un buen brazo de palanca, pero… La funda del cable tenía la mala costumbre de arrugarse como un acordeón. Con lo cual ya no desembragaba. Evidentemente, en Fiat no tenían cables de embregue, ni los suministraban. Me tuve que hacer fabricar uno.
Un día me robaron el plástico de un intermitente delantero (iba atornillado por fuera). No había recambio. Y me harté. Con mucha pena, pero decidido, se lo devolví al compraventa que me lo había vendido 2 años antes. "¿Por qué me lo cambias?"
Tenía un precioso Ford Granada 2.8 del 80. Pues como al principio de este post, entré con un coche, y salí con otro y algunos billetes menos.
Unos meses después volví a ver al 130. Estaba aparcado en una calle de mi ciudad, con las manijas de la puertas rotas, con golpes por todas partes, sin un piloto trasero… Me dio mucha lástima.
Os habréis dado cuenta de que no hay muchas fotos. La verdad es que alguna más debo de tener, pero el proceso de búsqueda/digitalización se estaba alargando mucho, y he decidido colgar el post tal cual. Si encuentro más, ya lo editaré el y las añadiré.
No fue el único 130 Coupé de mi vida. Años más tarde me hice con otro, esta vez automático. Gris plata y tapizado en azul marino. Sin embargo en ese momento las circunstancias no eran las más adecuadas, y no llegué a restaurarlo. Me propusieron otra vez un cambio, y lo acepté. Los recuerdos eran demasiado agridulces.
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