Prueba: Bentley Arnage vs Continental Flying Spur

Tema en 'Foro General BMW' iniciado por teXky, 8 Feb 2006.

  1. teXky

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    DOS VISIONES DEL GRAN LUJO [​IMG] PRUEBAS MIL CABALLOS DE DISTINCIÓN Entre los dos suman 960 caballos y casi medio millón de euros. Ambos son coches de la más alta representación, pero el Flying Spur tiene la peculiaridad de que alcanza los 312 hm/h... [​IMG] PEDRO URTEAGA [​IMG] [​IMG]
    Los Bentley Arnage (izquierda) y Continental Flying Spur, frente a frente en la sierra de Madrid. / RAMÓN RODRÍGUEZ
    De estas nuevas creaciones, la primera en ver la luz fue el Continental GT, pero simultáneamente a él estaba desarrollándose el Continental Flying Spur (espuela voladora, en castellano), que es básicamente el mismo vehículo con la batalla alargada para albergar a dos personas con comodidad insuperable en el asiento trasero.
    Todo en este automóvil es hiperbólico: para su puesta a punto se recorrieron un millón de millas; mide 5,3 metros y, sin embargo, acelera como un deportivo de raza y alcanza los 312 km/h; pesa 2,5 toneladas de peso bien repartido entre sus dos ejes (56/44) y sus frenos eran, en el momento de su creación, los más grandes de todos los turismos de serie... También son extremados su dotación tecnológica, confort interior y despliegue de lujo, aunque en este último apartado la palma se la lleva su hermano el Bentley Arnage, con el que hemos tenido el privilegio de compararlo. Si éste representa la suntuosidad propia de los reyes, el Flying Spur —más dinámico y comedido— parece más digno de un príncipe.
    En castellano hay un refrán según el cual «la esencia, en frasco pequeño se vende», pero todo dicho tiene su formulación contraria. En el caso de la británica Bentley, su perfume, que desde hace 85 años es tanto la distinción como la deportividad, se vende siempre en envases bien grandes.
    Si el Arnage encarna la primera de las vertientes de la marca, la de los vehículos de la más alta representación —bien motorizados, of course—, el Continental Flying Spur es simplemente el sueño de W.O. Bentley, un coche que hace tan buen papel transportando a un jefe de Estado como en un circuito de carreras pues supone una simbiosis única entre limusina y superdeportivo.
    Vistos a través del prisma del lujo, el Arnage representa su variante más tradicional; el Flying Spur, la más moderna y con un añadido, el de la amplia dotación tecnológica que sólo parcialmente ha llegado a aquél.
    Casi una limusina, los 5,4 metros del primero ruedan con majestuosidad digna de una reina —la de Inglaterra puede dar fe de ello—, y, aunque no son desdeñables las sensaciones que transmite al volante, parece indiscutible que está concebido para relajarse en el asiento trasero.
    El Flying Spur es casi tan largo como su hermano mayor (les separan 8,3 cm). Sin embargo, bien por su menor altura y anchura, bien por sus líneas más dinámicas, y desde luego gracias al inferior radio de giro, al conducirlo después del Arnage uno tiene la sensación de estar manejando un utilitario... ¡de 560 caballos!
    Quien ha tenido la fortuna de subir a un Continental GT —ambos modelos se contruyeron paralelamente—, ya sabe a qué atenerse, por mucho que con el rabillo del ojo perciba el enorme salón que conforman las plazas traseras, que son angostas en el coupé. El fragor de los escapes, no obstante, ha sido atenuado porque lo prioritario aquí es el confort interior. Las prestaciones son casi las mismas que en el GT (5,2 segundos en el 0 a 100 km/h, por 4,8 de éste), pero el Flying Spur persigue aún con mayor ahínco la discreción.
    El Arnage, pese a las apariencias, tampoco es manco en este terreno. Necesita 6,3 segundos para realizar la misma maniobra, y otro tanto para pasar de 80 a 120 km/h. Son cifras dignas de un deportivo y, sin embargo, su motor tiene como objetivo prioritario no la potencia, 400 caballos, sino un gran par motor, de más de 85 metros por kilo de valor máximo. De ahí la desproporción evidente entre el número de cilindros, ocho, y su cubicaje de 6.750 cc.
    No es un detalle como para olvidarlo el hecho de que ambos modelos registran estas prestaciones con un peso que ronda las dos toneladas y media: el de la espuela voladora (como puede traducirse Flying Spur) se queda ligeramente por debajo y el Arnage, 85 kilos por encima.
    Puestos a determinar la inclinación última de cada uno de los coches, la de éste es sin duda la suntuosidad, en tanto que aquél conjuga confort y deportividad apoyándose de manera firme en la tecnología.
    El Arnage R bien puede considerarse una versión un poco más corta de la limusina RL, de 3,3 metros de distancia entre ejes. El asiento posterior, tapizado en cuero Connolly, ofrece a su ilustre pasajero un mueble bar con dos botellas y dos vasos tallados, nevera, revistero, dos mesitas plegables de madera y un precioso espejo a cada lado del montante trasero. Las butacas pueden reclinarse y disponen de calefacción. Los pies se posan sobre un exclusivo alfombrado Wilton.
    Quien conduce cuenta ahora con luces automáticas, sensores de aparcamiento delanteros y traseros, regulador de velocidad y navegador, entre otros adelantos. También disfruta de control de estabilidad, de un menor balanceo de la carrocería, gracias a la barra estabilizadora incorporada en el eje posterior, y en general de una mayor precisión de guiado. Con todo, el sonido de los seguros al cerrarse, que evoca —puede que deliberadamente— los cerrojos de una mansión al descorrerse, nos devuelve a la atmósfera tradicional que desprende el coche.
    Si el Arnage mira al pasado, el Flying Spur enfoca hacia el futuro. El espacio en la parte trasera es muy superior en éste, y se traduce en una cota máxima para las piernas —insólita— de 98 centímetros, acompañada de todas las comodidades de aquél. Sin embargo, su lujo es más comedido aun en la variante de cuatro plazas, más exclusiva, donde una consola de nogal sin blanquear surca todo el habitáculo, del salpicadero al compartimento de carga. Un detalle exquisito: cuando el pasajero se sienta, un sensor envía al reposacabezas correspondiente la orden de elevarse.
    De toda la tecnología disponible, Bentley ha escogido para su espuela la más contrastada y la que se utiliza con mayor frecuencia. Como la marca pertenece al Grupo Volkswagen, muchos de los sistemas incorporados provienen de los modelos punteros del emporio alemán. La suspensión regulable —aquí con «altura de paseo» añadida—, el freno de estacionamiento electrónico o la transmisión provienen del Audi A8, y hasta el motor es una derivación sofisticada del W12 del mismo modelo.
    El aprovechamiento de los recursos comunes llega al extremo de que bajo la suntuosa madera del salpicadero del Arnage habita la misma radio de un Audi A3 con algunas teclas niqueladas. Con los mandos a distancia de ambos coches se ha hecho básicamente lo mismo, para no insistir en el pecado del Continental GT, pero el resultado es más lucido.
    El Flying Spur incorpora otros dispositivos que refuerzan su distinción como el sistema de entrada y arranque sin llave y los faros bixenón. Hubiera sido deseable unir al cierre eléctrico de todas las puertas un mecanismo similar para el maletero, sobresaliente por cierto en capacidad y amplitud de la boca de carga. Las llantas de 19 pulgadas son de serie, y opcionales las de 20 con neumáticos diseñados expresamente por Yokohama.
    Tampoco el gigantesco Bentley Arnage puede montar cualquier cubierta. En su caso, los Pirelli P Zero Asimétrico 255/50 R18 tienen dos cometidos: limitar el aquaplanning de un neumático de tanta sección, lo que consigue con una banda de rodadura dividida en tres partes, y preservar el silencio a bordo del coche.
    Una de las objeciones que se pueden poner a este automóvil excesivo, pero coherente con lo que pretende ser, tiene que ver precisamente con el ruido del motor en velocidades de crucero. No tenemos nada contra su cambio automático a la antigua usanza, pues funciona con suavidad y precisión, pero una relación más permitiría al motor girar con mayor desahogo, y así viajar con un confort superior y visitar menos la gasolinera.
    Hablando de consumo, la finura del bloque de 12 cilindros del Continental, unido a su buena sintonía con la transmisión Tiptronic de seis marchas, hace posible firmar una media de 13 litros circulando a la máxima velocidad permitida. El cómputo combinado se dispara hasta 20 litros por su consumo desorbitado en ciudad.
    Si en los asientos delanteros del Arnage se echa en falta más sujeción lateral, todos los del Flying Spur son sencillamente perfectos. Uno es el coche de un rey, probablemente arrellanado en el sillón trasero, y el otro, el de un príncipe que muchas veces preferirá deleitarse al volante.
    Fotografías realizadas gracias a la colaboración de Aldea Santillana. Carretera El Berrueco-Cervera de Buitrago, km. 9,200. Manjirón (Madrid).

    [​IMG] BENTLEY ARNAGE R MULLINER. VALORACIÓN: 8
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    SEÑORIAL
    El puesto de conducción conserva el aire clásico pero cuenta con detalles deporti-vos, como el de los pedales. MÁS MADERA
    La madera de roble, que lo cu-bre todo, esconde también una sorpresa: la radio es la de cual-quier Audi algo ‘maquillada’.
    PASEMOS AL SALÓN
    Amplitud aparte (aunque podría ser mayor), las plazas traseras pueden reclinarse y cuentan con calefacción.
    ¿UNA COPA?
    En el respaldo de los asientos delanteros encontramos un revistero, un mueble bar y sendas mesitas plegables.
    EN VASO TALLADO
    En el asiento posterior se disfruta de aireación propia. En la versión de cuatro pla-zas, la consola se prolonga.
    Y UN BUEN MALETERO
    Tiene gran capacidad para tra- tarse de un superdeportivo ca-muflado (475 litros), y sobre todo una buena boca de carga.
    PRECIO. 278.826 E.
    MECÁNICA. De ocho cilindros en V, biturbo. Cilindrada: 6.750 cc. Potencia: 400 caballos. Cambio: automático de cuatro marchas. Tracción: trasera.
    PRESTACIONES. Velocidad: 256 km/h. Recuperaciones: de 80 a 120 km/h en D: 6 s. Consumo medio: 22 litros/100 km. Emisiones CO2: 495 g/km. + Confort de marcha. Interior suntuoso. - Cambio de cuatro marchas.


    [​IMG] BENTLEY CONTINENTAL FLYING SPUR. VALORACIÓN: 9

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    A LOS MANDOS
    El puesto de conducción conserva el aire clásico pero cuenta con detalles deporti-vos, como el de los pedales. LUJO Y TECNOLOGÍA
    La consola, revestida de ma-dera y coronada por los clási-cos ‘ojos de buey’, concentra gran parte de los dispositivos.
    MEJOR QUE EN CASA
    Pocos vehículos ofrecen tal espacio en las plazas trase-ras, que tienen ajuste lum- bar, climatización y masaje.
    TODO ELÉCTRICO
    Los asientos delanteros son eléctricos, con 16 posiciones, tres memorias, climatización y ajuste lumbar con masaje.
    AIRE PARA TODOS
    En el asiento posterior se disfruta de aireación propia. En la versión de cuatro pla-zas, la consola se prolonga.
    Y UN BUEN MALETERO
    Tiene gran capacidad para tra- tarse de un superdeportivo ca-muflado (475 litros), y sobre todo una buena boca de carga.
    PRECIO. 193.828 E.
    MECÁNICA. De 12 cilindros en W, biturbo. Cilindrada: 5.998 cc. Potencia: 560 caballos. Cambio: automático/secuencial de seis marchas. Tracción: total permanente.
    PRESTACIONES. Velocidad: 312 km/h. Recuperaciones: de 80 a 120 km/h en D: 4,5 s. Consumo medio: 20 l./100 km. Emisiones CO2: 423 g/km. + Prestaciones. Confort interior. - Maletero no eléctrico.


    [​IMG] DIVINA INDISCRECIÓN
    Por mucho empeño que se ponga, hay cosas que no se pueden ocultar. El descomunal Bentley Arnage no llamaría más la atención con un alerón rojo en la zaga, y el frontal en particular, poderoso y elegante a un tiempo, atrae todas las miradas. Lo mismo puede decirse del Flying Spur, que sin embargo despierta algo menos de curiosidad. Como ocurre sólo con los automóviles realmente superlativos, la atracción es doble. Quien mira aprecia la belleza o quizá la singularidad del vehículo, pero también busca la cara del que conduce –y, en este caso, del que viaja detrás–, en busca de esa correspondencia secreta que explique por qué esa persona tiene ese coche.
    Al volante del Arnage, lo más normal es que a uno lo tomen por el chófer y que la mirada se dirija al asiento trasero, donde se espera encontrar a una estrella del rock, un futbolista seguramente inglés o un alto mandatario (aquí la ausencia de escolta es lo que no encaja).
    En el Continental, más moderno y dinámico a pesar de su enormidad, las hipótesis apuntan más a ese tipo de empresario joven y de éxito, a un enamorado de la velocidad que no gusta de los deportivos claustrofóbicos o, de nuevo, a un futbolista famoso, británico o no.
    Sea como fuere, ambos vehículos generan en el conductor esa agridulce sensación de quien quiere discreción pero no puede evitar un cosquilleo al sentirse admirado. Para los necesitados de más intimidad a bordo, Bentley ofrece unas limusinas abundantes en todo menos en cristal.


    [​IMG] LAS CIFRAS DE LA AUTÉNTICA EXCLUSIVIDAD
    Partiendo de que todo Bentley atesora el máximo lujo, la diferencia entre estos dos modelos reside en que sólo el primero se construye por encargo y de forma individualizada, mientras que el Continental, fabricado con el mismo primor artesanal, es sólo el coche de serie más lujoso que se pueda adquirir. Éstas son algunas de las curiosidades de su proceso de construcción: COLORES
    El Arnage puede suministrarse en 41 colores de carrocería diferentes y en siete combinaciones de ellos. Para el interior, el cliente escoge entre 27 colores de piel.
    REVESTIMIENTO
    Para confeccionarlo, se recurre al efecto de libro y espejo con el fin de crear una simetría perfecta: el reflejo de un lado debe coincidir milimétricamente con el otro.
    VOLANTE
    Forrarlo lleva aproximadamente cinco horas. Se cose a mano con una puntada doble utilizando dos agujas al mismo tiempo.
    TAPICERÍA
    Un juego entero de tapicería para un Flying Spur requiere de 11 pieles. En un Rolls-Royce Phantom se emplean 16; Bentley ha llegado a usar 18 en un modelo exhibido en el Salón de París de 2002. Las tecnologías actuales aseguran un mínimo desperdicio al cortarlas, pero elaborar una tapicería «estándar» (sic) puede costar tres semanas de trabajo en algunos vehículos.
    MADERA
    El Flying Spur se suministra de serie con madera de nogal sin blanquear, y hay otras cuatro disponibles. Para el Arnage se puede escoger entre ocho, y por defecto se reviste de madera de raíz de nogal de tono oscuro.
    TIRADORES
    El interior de los tiradores de las puertas y los asideros tiene una placa de metal para que los anillos no dañen la piel.
    MALETERO
    El del Arnage incluye bajo la moqueta una pulcra batería de herramientas y bombillas. También una linterna y guantes de gamuza.
    GARANTÍA
    Es de tres años: más extensa que la de muchas marcas europeas pero menos que la de numerosos modelos japoneses, que dan cinco.
  2. [IñakI]

    [IñakI] Forista Senior

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    Ultra lujo a niveles casi absurdos! Me gusta el continental en versión GT.

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